Leptospirosis en perros: cuidado con los charcos y el agua estancada

Después de varios días de lluvia es habitual encontrar charcos, zonas encharcadas y pequeñas acumulaciones de agua durante nuestros paseos. Para muchos perros resultan especialmente atractivas: se acercan, olfatean y, antes de que podamos evitarlo, beben directamente de ellas. Aunque muchas veces no ocurre nada, el agua estancada puede contener microorganismos capaces de provocar enfermedades, y una de las que debemos conocer es la leptospirosis.

La leptospirosis es una enfermedad infecciosa causada por bacterias del género Leptospira. Puede afectar a diferentes mamíferos, entre ellos los perros y también las personas, por lo que se considera una zoonosis. Estas bacterias pueden llegar al medioambiente a través de la orina de animales infectados y permanecer durante semanas o incluso meses en agua o suelos húmedos cuando las condiciones son favorables.

Por eso, un simple charco puede convertirse en una posible vía de exposición si previamente ha sido contaminado por la orina de un animal portador.

¿Cómo puede contagiarse un perro?

Una de las formas más habituales de transmisión es el contacto con agua contaminada. El perro puede infectarse al beber de un charco, estanque o zona de agua estancada, pero también simplemente al entrar en contacto con agua o tierra contaminadas si la bacteria consigue penetrar a través de pequeñas heridas, abrasiones o mucosas.

¿Por qué debemos tener especial cuidado con los charcos?

Las bacterias responsables de la leptospirosis pueden sobrevivir durante largos periodos en ambientes húmedos. El agua estancada o de movimiento lento ofrece unas condiciones especialmente favorables para su permanencia, sobre todo cuando ha podido entrar en contacto con orina de animales infectados.

Por este motivo, lo más recomendable es evitar que nuestro perro beba directamente de charcos, estanques, acequias o acumulaciones de agua cuyo origen y estado desconocemos.

Cuando salgamos de paseo podemos llevar nuestra propia botella de agua y un recipiente portátil. De esta forma, si nuestro perro tiene sed, podremos ofrecerle agua limpia sin necesidad de recurrir a fuentes que no podemos controlar.

Después de lluvias intensas también conviene prestar especial atención a zonas que normalmente están secas y que temporalmente permanecen inundadas o embarradas.

¿Qué síntomas puede provocar la leptospirosis?

Uno de los problemas de esta enfermedad es que no todos los perros presentan los mismos síntomas. Algunas infecciones pueden ser leves, mientras que otras evolucionan hacia cuadros graves que afectan especialmente a los riñones y al hígado. En determinados casos pueden producirse complicaciones potencialmente mortales.

Entre los signos que podemos observar se encuentran:

  • Fiebre.
  • Apatía o debilidad.
  • Pérdida de apetito.
  • Vómitos.
  • Deshidratación.
  • Dolor muscular o articular.
  • Cambios en la cantidad o frecuencia de la orina.
  • Aumento de la sed.
  • Coloración amarillenta de las mucosas o la piel.
  • Dolor abdominal o lumbar.

En los casos más graves puede aparecer lesión renal aguda, afectación hepática, alteraciones respiratorias y fallo de diferentes órganos.

Estos síntomas no son exclusivos de la leptospirosis y pueden aparecer en muchas otras enfermedades. Por eso, si observamos varios de ellos o nuestro perro presenta un deterioro rápido de su estado general, es importante acudir al veterinario para determinar la causa.

¿Puede contagiarse a las personas?

La leptospirosis es una zoonosis. Esto significa que un animal infectado puede eliminar bacterias a través de la orina y existir riesgo de transmisión a las personas.

Si existe sospecha o diagnóstico de leptospirosis, el veterinario nos indicará las medidas higiénicas que debemos adoptar en casa. Entre ellas pueden encontrarse evitar el contacto directo con la orina, utilizar guantes al limpiar, cubrir heridas en la piel y lavarse correctamente las manos después de manipular al animal o limpiar zonas que puedan haberse contaminado.

No debemos alarmarnos, pero sí seguir cuidadosamente las indicaciones profesionales mientras el perro recibe tratamiento.

¿Podemos prevenirla?

La prevención comienza con pequeños gestos durante nuestros paseos. Siempre que podamos, debemos evitar que nuestro perro beba de charcos o aguas estancadas y ofrecerle agua limpia que llevemos desde casa.

También es recomendable reducir el contacto con roedores y animales silvestres, mantener correctamente las zonas exteriores y consultar al veterinario sobre las medidas preventivas más adecuadas para nuestro perro.

Existe vacunación frente a la leptospirosis y puede formar parte del programa preventivo de muchos perros. La conveniencia y pauta de vacunación debe establecerse con el veterinario teniendo en cuenta factores como el estilo de vida, la zona donde vive el animal y su riesgo de exposición. La vacunación reduce el riesgo de enfermedad, aunque debe acompañarse igualmente de medidas para minimizar el contacto con posibles fuentes de contaminación.

Un charco no siempre es solo agua

Durante un paseo es prácticamente imposible controlar cada superficie que pisa nuestro perro, y no debemos vivir con miedo a cada charco que encontramos. Sin embargo, sí podemos evitar algo tan sencillo como permitir que beba de agua estancada cuando disponemos de una alternativa segura.

La leptospirosis puede evolucionar desde una infección leve hasta una enfermedad grave que afecte a los riñones, al hígado y a otros órganos. Conocer cómo se transmite, evitar algunas situaciones de riesgo y consultar rápidamente ante síntomas sospechosos son nuestras mejores herramientas para proteger a nuestros perros.

Especialmente en épocas húmedas y después de varios días de lluvia, llevar agua limpia durante los paseos y prestar atención a las zonas encharcadas puede ser una medida sencilla que ayude a prevenir problemas importantes.

 

Este artículo tiene carácter informativo y educativo, y en ningún caso sustituye la valoración de un veterinario. Si tu mascota presenta cualquier síntoma de urgencia, te recomendamos acudir al Hospital Veterinario Asturias, donde contamos con servicio de urgencias 24 horas. Llámanos al 985 13 15 45.

2026-09-17T10:01:47+02:00

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