Los gatos son expertos en ocultar el dolor y la enfermedad. Se trata de un instinto heredado de sus antepasados salvajes, que evitaban mostrar debilidad para no atraer a posibles depredadores. Esta capacidad, que en la naturaleza resulta una ventaja, en casa puede jugar en su contra: cuando un gato empieza a mostrar síntomas evidentes, es posible que lleve tiempo sintiéndose mal.
Por eso, detectar cambios sutiles en su comportamiento, sus rutinas o su aspecto físico es la mejor herramienta que tienes para cuidar su salud. A continuación repasamos las señales más habituales que pueden indicar que algo no va bien.
Cambios en el apetito o en la sed
Una reducción brusca del apetito es una de las señales más significativas. Si tu gato deja de comer o muestra un interés notablemente menor por su comida habitual durante más de 24 horas, conviene estar alerta. Las causas pueden ser muy variadas: desde problemas dentales o digestivos hasta infecciones o enfermedades renales.
El aumento repentino de la sed también merece atención. Si notas que tu gato bebe mucho más de lo habitual o que el bebedero se vacía con más frecuencia, puede ser un indicador temprano de enfermedad renal, diabetes u otros trastornos metabólicos, especialmente en gatos a partir de los siete u ocho años.
Alteraciones en el uso del arenero
El arenero es una fuente de información muy valiosa sobre la salud de tu gato. Orinar fuera de la bandeja, acudir con mucha más frecuencia de lo habitual, hacer esfuerzo al orinar, quejarse o producir cantidades de orina muy pequeñas o, por el contrario, mucho mayores de lo normal son señales que no deben pasarse por alto.
Estos cambios pueden estar relacionados con problemas urinarios como la cistitis, la presencia de cristales o cálculos en la vejiga, o enfermedades del tracto urinario inferior. En los machos, una obstrucción uretral impide la eliminación de orina y constituye una urgencia veterinaria que requiere atención inmediata.
Se esconde más de lo habitual
Un gato que de repente empieza a esconderse con frecuencia, busca rincones apartados o evita el contacto con las personas de su entorno puede estar intentando aislarse porque no se encuentra bien. Si tu gato era sociable y ha cambiado su actitud de forma notable, no lo atribuyas a un simple capricho. El aislamiento es una de las formas más comunes que tienen los felinos de gestionar el dolor o el malestar.
Cambios en el acicalamiento
Los gatos sanos dedican una parte importante de su día a acicalarse. Cuando un gato deja de hacerlo, su pelaje pierde brillo, se enreda o acumula caspa, puede estar indicando que no se siente bien o que le resulta doloroso alcanzar determinadas zonas de su cuerpo.
El caso contrario también es significativo. Un gato que se lame de forma obsesiva una zona concreta puede estar manifestando dolor localizado, alergias o problemas dermatológicos que conviene valorar.
Pérdida de peso gradual
A veces, la pérdida de peso en un gato ocurre de forma tan progresiva que resulta difícil de percibir en el día a día. Si al acariciarlo notas las costillas o la columna más marcadas de lo habitual, o si observas que ha perdido masa muscular, es importante acudir a consulta. La pérdida de peso, aunque sea leve, puede estar asociada a enfermedades crónicas como el hipertiroidismo, la diabetes o la enfermedad renal.
Se mueve menos o salta menos
Si tu gato ha dejado de subirse a lugares que antes frecuentaba, salta con menos agilidad, se muestra rígido al caminar o duda antes de subir o bajar del sofá, puede estar experimentando dolor articular u óseo. La artrosis es más frecuente en gatos de lo que muchos propietarios imaginan, especialmente en animales de edad avanzada, y a menudo pasa desapercibida porque los gatos simplemente dejan de hacer las cosas que les duelen.
Cambios en la vocalización
Un gato que maúlla mucho más de lo habitual, con un tono diferente o en momentos inusuales, puede estar expresando malestar. Del mismo modo, un gato que era vocal y de repente se vuelve silencioso también está comunicando que algo ha cambiado.
Cuándo acudir al veterinario
Ninguna de estas señales, por sí sola, equivale a un diagnóstico. Pero cualquiera de ellas justifica una visita al veterinario, sobre todo si persiste más de 48 horas, si aparecen varias al mismo tiempo o si se acompañan de síntomas más evidentes como vómitos, diarrea, dificultad para respirar o sangre en la orina.
Las revisiones periódicas, al menos una vez al año (y cada seis meses en gatos mayores de siete años), son la mejor forma de detectar problemas de salud en fases tempranas, cuando el tratamiento es más eficaz. Tú eres quien mejor conoce a tu gato: confía en tu instinto si notas que algo no encaja.
Este artículo tiene carácter informativo y educativo, y no sustituye la consulta veterinaria profesional. Si observas cualquier cambio en el comportamiento o la salud de tu gato, nuestro equipo del Hospital Veterinario Asturias puede ayudarte. Contacta con nosotros en el 985 13 15 45 o acude a nuestro servicio de urgencias 24 horas en Gijón.